CREAR CUENTA

*

*

*

*

*

*

¿OLVIDASTE TU CONTRASEÑA?

*

Presentaciones de libros, ferias, novedades editoriales Ediciones Tantín Cantabria

http://www.eldiariocantabria.es/articulo/cantabria/titulo-juanin/20161227145128023572.html

 

"El día que mataron a Juanín era miércoles, el 24 de abril de 1957..."

Durante todo el año 2017, 'eldiariocantabria' conmemorará junto a Isidro Cicero el 40º aniversario de la publicación de su histórico libro 'Los que se echaron al monte', así como el 100º aniversario del nacimiento y el 60º de la muerte de Juanín.

los que se echaron al monte             Durante todo 2017, eldiariocantabria conmemorará junto a Isidro Cicero el 40 aniversario de la publicación su libro 'Los que se echaron al monte'

"El día que mataron a Juanín era miércoles, el 24 de abril de 1957. Dos días antes, como todos los lunes del año, había mercado en Potes. Como todos los lunes del año, sólo que éste era el lunes de Pascua. Un mercado muy importante para los lebaniegos, que presentaban corderos de los Picos de Europa, becerros de Peña Sagra, recentales de las estribaciones de Peña Labra".

Así comienza 'Los que se echaron al monte', el histórico primer libro del escritor y periodista lebaniego Isidro Cicero. Publicado en 1977 –hace cuarenta años–, es la primera obra sobre los guerrilleros antifranquistas cántabros Ceferino Roiz 'Machado', Gildo Campo, Paco Bedoya... y el más legendario de todos ellos: Juanín, nacido en Potes en 1917, hace cien años, y abatido en el pueblo lebaniego de La Vega hace sesenta. La primera obra, la más vendida (125.000 ejemplares en 11 ediciones), la más leída y la más recordada.

Durante todo el año 2017, 'eldiariocantabria' repasará junto a Cicero el apasionante proceso de creación de un libro que gozó de una cálida acogida popular (6.000 ejemplares vendidos en los primeros 12 días), abordará su trascendencia –porque ya ha logrado trascender– y recordará a sus inolvidables protagonistas, empezando por Juan Fernández Ayala, héroe de la resistencia antifranquista al que todos –quienes lo admiraron, quienes lo temieron, quienes lo recuerdan y hasta quienes lo persiguieron por los montes durante más de 15 años– conocían y siguen conociendo como Juanín.

Han pasado cuarenta años desde que Cicero escribió 'Los que se echaron al monte'. Entonces, habían pasado otros cuarenta desde que en 1937 los franquistas tomaran la entonces Provincia de Santander. Cicero recuerda que "aquel verano de 1977, la victoria de las tropas estaba aún muy viva en la memoria de los vencedores, que seguían celebrando como toda la vida el 18 de julio, el 26 de agosto, el 1 de octubre, el 20 de noviembre y todo el almanaque que alimentaba su memoria de vencedores, y los derrotados no celebraban nada, sólo la ventura de seguir viviendo después de tantos años de miseria". No obstante, el escritor y periodista lebaniego ya llevaba cuatro años "recordando" junto a parte de esos vencidos de la Cantabria occidental.

Desde que Cicero publicara 'Los que se echaron al monte', han sido muchos los nuevos datos cuya revelación ha permitido profundizar en las figuras de los maquis de la Cantabria occidental (cabe destacar los libros de Antonio Brevers 'Juanín y Bedoya, los últimos guerrilleros' y 'La Brigada Machado', publicados en 2008 y en 2010, respectivamente) y en sus circunstancias históricas, pero el libro de Cicero sigue ocupando un lugar muy especial en la memoria colectiva. Los mayores que lo releen saben a ciencia cierta y los jóvenes que se acercan por primera vez a sus páginas pueden imaginar que 'Los que se echaron al monte' no es un libro más y que no fue fácil escribirlo ni publicarlo después de cuarenta largos años de silencio impuesto.

Recordar 'Los que se echaron al monte' en el 40º aniversario de su publicación, recordar a Juanín –cuya "peripecia vital" es para Cicero "un hilo conductor de la biografía de Cantabria y de España"– en el 100º aniversario de su nacimiento y en el 60º de su muerte y recordar a sus compañeros es un honor, y hacerlo junto a Isidro Cicero, un lujo. Pero nunca un lujo innecesario ni un lujo que exponer en un museo, porque la obra que el escritor y periodista lebaniego publicó en 1977 sigue viva, como vivos siguen Juanín, Machado, Gildo, Bedoya... en la memoria de tantos.


Regala libros.

"El libro es fuerza, es valor, es aliento; antorcha del pensamiento y manantial del amor" Rubén Darío.

regala libros libreria tantin santander cantabria


Librería Tantín en Escenario Market

Os esperamo eñ próximo domingo día 18 de diciembre en el Escenario Market en el Parque de las Llamas.

Un año más tendremos nuestro stand en este precioso mercadillo donde podrás encontrar regalos diferentes.

Te esperamos.

escenario market libreria tantin santander cantabria

Juan Manuel de Prada. Un rostro oculto

enrique alavarez javier cotera el diario montanes libreria tantin
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Un rostro oculto Juan Manuel de Prada
Enrique Álvarez es un autor injustamente ninguneado, pese a estar en la estela de Flannery O’Connor.
Si tuviéramos que elegir, entre todos los escritores que hemos conocido, a uno que encarne a la víctima de la burricie fatua y el esnobismo gafapasta que se enseñorea de nuestras editoriales, elegiríamos a Enrique Álvarez (n. 1954), un leonés asentado en Santander, superdotado buceador de psicologías abrumadas o culpables, zahorí del alma que en sus novelas y cuentos logra penetrar en los yacimientos más dormidos de nuestra vida interior y rescatar vetas a veces sublimes, a veces monstruosas.
¿Y cómo se explica que un escritor tan dotado siga siendo un rostro oculto, entre la multitud de mascarones y fantoches triunfantes? La razón es bien sencilla. Enrique Álvarez toca cuestiones religiosas, que como todo el mundo sabe son tabú para la literatura posmoderna; y ni siquiera lo hace al modo merengoso que pudiera ganarle el aplauso de un menguado público pío, sino que se atreve a abordar los más sutiles y escabrosos problemas morales, se atreve a asomarse a los abismos más temibles, se atreve a medirse con el problema del mal, consciente –como Flannery O’Connor– de que la misión de la literatura consiste en dar cuenta de «la batalla de la gracia en un territorio propiedad en gran parte del demonio».
El problema del mal
Enrique Álvarez cree que la literatura que no se enfrenta al problema del mal es un cuento de hadas para niños bobos; y en sus cuentos y novelas el mal está siempre actuando sobre la frágil y numantina naturaleza humana, sosteniendo con ella batallas tan sibilinas como descarnadas. Enrique Álvarez está dotado de una penetración psicológica fuera de lo común; y es capaz de captar los dolores anímicos más secretos, capaz de designar las lepras y gangrenas de nuestra época, capaz de iluminar del modo más delicado las gusaneras morales más fétidas y pavorosas. Enrique Álvarez, en fin, es un escritor al que podríamos emparentar con la corriente del catolicismo pesimista del siglo XX, desde Léon Bloy a Julien Green, desde Huysmans a la citada O’Connor, poco propensa a exaltar la capacidad humana para el progreso moral y aún menos a reconocer un sentido ascendente a la historia.
Como, además, Enrique Álvarez gasta una prosa sin demasiadas alharacas, tersa y nítida, poco «literaria» en el sentido sórdido de la palabra, pero enormemente eficaz y sugestiva, el desdén editorial lo ha perseguido desde sus inicios; pese a lo cual, ha conseguido publicar un puñado de obras memorables. Así, por ejemplo, «El rostro oculto» (1994), una novela coral ambientada en León, en el gozne del tardofranquismo, que constituye un demoledor retrato de cierta burguesía provinciana y a la vez un finísimo estudio psicológico de un joven que envuelve una homosexualidad latente con confusas inquietudes religiosas. Así, también, «Hipótesis sobre Verónica» (1995), con la que Enrique Álvarez obtuvo el premio de novela corta Ciudad de Barbastro, donde nos propone una muy elegante y ambigua intriga en torno al caso de una mujer endemoniada. Y, sobre todo, la que quizá sea la más cuajada de sus novelas publicadas hasta la fecha, «La risa de la Virgen» (2010), en la que se recrea el clima de alboroto y sobrecogimiento que las apariciones de Garabandal provocaron en la sociedad santanderina, allá por los años sesenta; y los efectos que el rechazo de tales apariciones tendría entre la burguesía local, enfangada en sus adulterios, y entre una clerigalla entregada a filosofismos teilhardianos de baja estofa, mientras el seminario se vacía y el veneno del fariseísmo se infiltra, cual humito de Satanás, en sus estructuras jerárquicas. «La risa de la Virgen», que por momentos nos recuerda «La Regenta» de Clarín por su delicada creación de tipos femeninos y clericales, es también una crónica demoledora del vaticanosegundismo y sus delicuescencias.
 
 

TOP