LA DESVENTURA DE UN MERCANTE NAUFRAGADO, PENDIENTE DE INVESTIGAR

Historia del naufragio de un mercante: “Vientres de acero, corazones humanos”

 

Queremos compartir con vosotros un libro sobre los temas que nos gustan, que son todos los relacionados con la mar y los barcos. Su título es “Vientres de acero, corazones humanos”, y se trata de un relato sobre naufragios reales ocurridos en Canarias y en el Mediterráneo. Un libro que engancha y que se va poniendo trágico y misterioso conforme pasas las páginas y te adentras en lo repentino e inesperado de un naufragio.

El flamante buque también tendría un flamante capitán. Un joven de 29 años, recién ascendido, pues será su primer mando, su primera campaña como capitán. Al igual que el flamante buque, sus tres mandos de cubierta fueron primerizos en sus nuevos cargos.

En el puerto de Argel pasarían las navidades de aquel año. Para 11 de sus 18 tripulantes, serían sus últimas navidades.

Nadie podía sospechar, en aquellos momentos, que el próximo cargamento sería el fatal cargamento. Sería el último viaje para que el pequeño mercante de reciente construcción, que se llevaría la vida de 11 de sus tripulantes y al resto les haría pasar las peores horas de su vida.

 

 

Es sólo un trocito de un relato que va mascando la tragedia, poco a poco, hasta el clímax de lo que tenía que suceder, pero el autor no se detiene en ese momento. Sigue adelante en una nueva etapa del barco, la del silencio que debe ser roto, sobre todo para rasgar el velo de cosas que se hicieron mal y se ocultaron. Pero, ¿se hicieron mal las cosas adrede? Y si no es así, ¿por qué se intentaron tapar tantas situaciones? Este libro centrado en naufragios reales nos deja más preguntas pendientes que verdaderas respuestas, si bien nos da buenas dosis de información para decidir por nosotros mismos.

 

El momento terrorífico del naufragio

 

El lector conocerá a fondo, de forma amena y realista, la increíble aventura de entregar a las olas un barco y las vidas de sus trabajadores. Pero mucho más conoceremos, a veces de forma angustiosa, pero siempre emocionante, el lamentable y terrorífico momento en que la tripulación se entera de que se encuentran en problemas.

El jefe de máquinas, tripulante de más edad a bordo, había salido de guardia se encontraba en su camarote leyendo. El bandazo que dio el buque fue tan violento que se le salieron todos los cajones de la parte inferior de la cama. Entonces se susto y acertadamente pensó que había habido un corrimiento de la carga.

 

 

El pánico de una situación como está, en la soledad de alta mar, con la violencia propia de un oleaje embravecido, produce congoja en el lector y le anima a seguir leyendo para saber exactamente cómo termina la epopeya de un naufragio real, primero, y más tarde seguir la investigación del autor sobre los verdaderos motivos de este desastre marítimo.

 

La soledad del mando en un naufragio

 

Personalmente, lo que más me ha impresionado, aparte de esa incertidumbre que produce el libro desde el principio, sobre lo que de verdad había sucedido, son esos momentos de pánico iniciales en los que la tripulación se da cuenta de que están en un grave problema. Un problema de vida o muerte.

A bordo del buque siniestrado, la situación en empezó a ser confusa. Todo el mundo, comprensiblemente, querían subirse a los botes. Dos hombres, cuando intentaron hacerlo, cayeron por la borda y la enorme fuerza de la mar se lo llevó. Un marinero, inocente e imprudentemente, logró él solo poner a flote y embarcarse en el chinchorro del buque. La mar hundió el chinchorro y se lo llevo al fondo.

 

 

Me gusta mucho como se describe en el libro los diferentes roles a bordo del barco y cómo un naufragio afecta a cada uno. Y tiene que ser impresionante vivir todo esto con el rango de Capitán, a medias entre el miedo y el sentido del deber. Porque muchas cosas y muy románticas se han escrito, en las novelas, sobre el sacrificio del Capitán que se hunde con su nave, pero casi nunca han sido marinos los que han firmado esos relatos. Desde un barco y la experiencia de marinero de muchos años, con tantos peligros como encierra la mar, las cosas se ven de modo bastante diferente. Y tal es el caso del autor, Juan José Aja Sollet, marino de profesión y verdadero lobo de mar:

El joven capitán viviría la amarga experiencia de ver su barco mortalmente herido. Experimentaría la soledad del mando, la “amarga soledad del mando” en el peor trance que se puede concebir para el capitán de un navío cuando el fatal destino te juega esa mala pasada.