La campaña “Bono Cultura 2020” pone de nuevo a la venta 5.000 bonos

13 de septiembre de 2020.- La segunda fase de la campaña “Bono Cultura 2020”, una iniciativa de la Fundación Santander Creativa (FSC) y el Ayuntamiento de Santander en colaboración con Liberbank, arranca este lunes -14 de septiembre- con la puesta en venta de 5.000 bonos y la incorporación de tres nuevos espacios.

Café de las Artes Teatro, Escena Miriñaque y la librería Utopía se han adherido a esta segunda etapa, que permanecerá abierta hasta el próximo 31 de diciembre y que, junto a los 5.000 bonos de la primera fase, generará en la ciudad un movimiento comercial de 150.000 euros.

Los bonos se podrán adquirir en cajeros de la red en Cantabria de Liberbank, a través del servicio de venta de entradas por internet (https://entradas.liberbank.es) y llamando al teléfono gratuito de venta de entradas -985 96 97 08- , no siendo necesario ser cliente de la entidad.

Se establece un límite de compra de 4 bonos por tarjeta que podrán ser canjeados hasta que termine la campaña, es decir, hasta el 31 de diciembre. Aunque es posible adquirir los mismos por los canales de venta citados, se recomienda la compra telefónica u online, ya que los usuarios podrán adquirir los bonos sin necesidad de ser impresos, presentando los mismos desde su teléfono móvil en el establecimiento adherido. En el caso de que el usuario requiera su impresión, lo podrá hacer por sus propios medios.

El formato no ha variado respecto a años anteriores, ya que el ciudadano paga 10 euros por un bono que tiene un valor de 15 y que puede utilizar en los establecimientos e iniciativas adheridas para adquirir libros (se excluyen libros de texto y material escolar o de oficina), discos, películas en DVD o Blue Ray, entradas para espectáculos en vivo (teatro o música), cine e inscripciones para cursos y talleres culturales y creativos.

Este proyecto nació en 2015 para dar visibilidad al sector cultural, llevar a públicos y consumidores distintos a los negocios culturales y aumentar la venta de productos y servicios. Desde entonces, el Ayuntamiento y la FSC subvencionan esos 5 euros de diferencia con el fin de fomentar el consumo en el sector y apoyar al tejido local.

En dieciocho espacios

A los quince establecimientos que se adhirieron en la primera fase, cabe ahora sumar tres más. Esto supone un total de diez librerías, una tienda de discos, dos salas de conciertos, dos escuelas de formación, una sala de cine y dos salas de teatro, dieciocho comercios en total.

En concreto, el bono se puede utilizar en la librería Ediciones Tantín (Camilo Alonso Vega, 10), Estvdio, (Calvo Sotelo, 21 y Avenida Los Castros, 53-C), Carmen Alonso Libros, (Cisneros, 17, bajo), Kattigara (San Luis, 5, bajo), Gil (Hernán Cortés, 23; San Fernando, 62; General Dávila, 258; y polígono Nueva Europa, en El Campón), Némesis, (Gravina, 9, bajo), Más que libros (Alonso 5, bajo ), Nexus-4 (Madrid, 10) y Distrito Zero, ubicado en el número 15 de la calle Alonso. A estas nueve librerías, se suma la librería Utopía (Alta, 46A).

Se puede usar en la tienda Tipo de la calle Peñas Redondas, 14 y la sala de conciertos Rock Beer The New, situada en el número 15 de esa misma calle. También en Escenario Santander, en la avenida De la Constitución, 39.

En espacios formativos como la Escuela de Doblaje Anselmo Herrero (Enclave Pronillo, General Dávila 129A) y la Escuela de Cerámica Gerardo García (Cisneros, 63). En el cine Los Ángeles (Ruamayor, 6) y en las salas de teatro Café de las Artes, (García Morato,4) y Escena Miriñaque, (Isaac Peral, 9).

En 2019

El año pasado se pusieron a la venta 10.000 bonos. Las 6.000 unidades que se lanzaron en la primera fase de la campaña, de junio a agosto, se vendieron en su totalidad en apenas un mes. En la segunda fase se pusieron a disposición de los usuarios 4.000, que se vendieron en tan solo tres semanas.

Bono cultura 2020

Bono cultura 2020

Ya puedes canjear en Librería Ediciones Tantín tus Bonos Cultura desde el 22 de junio al 13 de septiembre.

Galdós y Cantabria

Galdós y Cantabria

JOSÉ RAMÓN SAIZ VIADERO
ELDIARIOCANTABRIA10/05/20
El 10 de mayo de 1843 nacía en Las Palmas de Gran Canaria Benito Pérez Galdós. Se cumple, pues, en estos días el 177 aniversario de la llegada al mundo de este escritor canario, español y universal.
La mayor parte de su existencia transcurrió en Madrid, siendo ésta la ciudad en la cual fallecería el 4 de enero de 1920, pero también durante más de la mitad de su vida estuvo visitando asiduamente Santander, donde en el año 1893 inauguró su propia residencia: la finca “San Quintín”, emplazada en los aledaños de la península de La Magdalena cuando su enclave funcionaba solamente como restos de un bastión defensivo ante un hipotético ataque por vía marítima.
La crisis pública provocada por la aparición y la extensión de la pandemia del coronavirus ha venido a interrumpir, entre otros muchos eventos de carácter cultural, las actividades previstas en diversos puntos de España con motivo de la conmemoración del centenario del fallecimiento del autor de los Episodios Nacionales.
Santander, como no podía ser de otra manera, tenía en funcionamiento un extenso programa dedicado a desgranar la intensa relación que con esta ciudad mantuvo don Benito, fruto de la presencia a lo largo de 46 años de su existencia. Relación que se componía de múltiples señales diseminadas en sus publicaciones, estrechas amistades y unos lazos sentimentales más o menos perecederos, culminado todo ello con la erección de la ya citada “San Quintín” que, pese a la gran transformación sufrida en su edificación en el transcurso de la segunda mitad del siglo pasado y la pérdida de su carácter intelectual, aún perdura en el mismo lugar.
Sorprende que mientras el Ayuntamiento de Santander ha programado una serie de actividades galdosistas, el Gobierno de Cantabria haya permanecido hasta la fecha ajeno a la posible recuperación de la figura del autor de un libro tan importante para la región como fue el relato de viajes titulado Cuarenta leguas por Cantabria (1876-1877). Porque tanto Galdós, como su entrañable colega y amigo José María de Pereda (1833-1906), son dos autores de suma trascendencia para comprender algunos aspectos de la historia y personalidad de Cantabria; ambos viajaron en calesa por el Occidente provincial en compañía del comerciante Andrés Crespo, y resultado de esa larga y fecunda excursión nació la serie de reportajes periodísticos que pronto daría lugar al libro anteriormente citado, situado cronológicamente entre Costas y montañas: diario de un caminante (1871), de Amós de Escalante, y Desde la Montaña (1894), de Emilia Pardo Bazán.
Cuando en el verano de 1871 llegara por vez primera a Santander era un joven periodista de 28 años, flamante autor de dos novelas que abrirían su extensa bibliografía: La Fontana de Oro (1870) y La sombra (1871). Una bibliografía que superará con creces el centenar de títulos, en los cuales se encuentran comprendidos la narrativa, el teatro y alguna miscelánea de escritos procedentes de su etapa periodística: solamente los Episodios Nacionales constituyen 46 volúmenes, que hubieran sumado algunos más si la ceguera y la decadencia física del autor no hubieran abortado su producción unos años antes de su fallecimiento.
La huella galdosiana en Cantabria no solamente ha quedado reflejada en la denominación de algunos centros educativos, como el Colegio Público Pérez Galdós, en Requejada-Polanco, sino también repartida muy profusamente en el nomenclátor callejero santanderino: recuerdo haber publicado (Alerta, 3/5/1997) una glosa recogiendo denominaciones que recordaban la figura y algunas de las obras del maestro de la novelística, de la misma manera que su nombre aparece en ciudades y villas tales como Castro Urdiales, Reinosa, Santoña y Unquera; en esta última recordando, según aseguran los naturales del lugar, que fue en la casa de postas “La Corralada” donde se hospedó Galdós en su paso para escribir Cuarenta leguas por Cantabria.
El autor de Fortunata y Jacinta (1887) fue un maestro de la literatura cuya personalidad no siempre concitó adhesiones, como se demuestra en el contenido de Galdós en la hoguera (1994), el libro de Benito Madariaga. Sin embargo, su serena personalidad contribuyó a superar los escrúpulos que lo avanzado de sus temas novelísticos y teatrales pudieron despertar en amigos tan conservadores como Pereda y Marcelino Menéndez y Pelayo; pero hasta el final de su vida, y todavía muchos años más tarde, hubo de sufrir la persecución de fuerzas eclesiales que se encontraron reflejadas en sus algunas de sus obras y trataron de impedir la difusión, llegando incluso a boicotear en 1912 la posibilidad de la concesión del Premio Nobel de Literatura. Una enemiga que se había reforzado a partir del estreno teatral de Electra (1901), cuando muchos clérigos pudieron verse retratados en el siniestro personaje de Pantoja.
El joven periodista santanderino José del Rio Sainz, popularizado ya su seudónimo de Pick, reconocía la animadversión de origen jesuita inculcada en sus años adolescentes hacia la figura de don Benito, y después de la muerte de éste se convirtió en su más fervoroso admirador. Ya se sabe que los españoles sabemos enterrar muy bien.
Algunos otros, embriagados aún por cierto tufillo clerical, continúan negando la verdadera trascendencia de la obra escrita por quien se constituye en émulo de Cervantes, como en Gran Bretaña se considera de Shakespeare a Walter Scott o Charles Dickens, a la altura del Víctor Hugo francés de La comedia humana.
Una vez fallecidos Pereda, Menéndez Pelayo y el propio Galdós, en Santander solamente quedaba la sombra del maestro cultivada en “San Quintín” por Manuel Rubín, el guardián asturiano de sus tesoros, recibiendo las visitas de Pick y de Valentín Azpilicueta Gonzalo, reivindicadores de que la figura señera del autor de El abuelo (1897) tuviera una continuidad eterna en Santander, mediante la creación de un Museo Galdosiano en la finca por él construida. Vanos propósitos, puesto que la estulticia política y la guerra civil quebraron el proyecto de adquisición de la finca por parte del Estado español. Y al exilio exterior hubo de partir el republicano conservador Azpilicueta y en el exilio interior hubo de permanecer el republicano también conservador Pick, poniendo sordina a sus antiguas simpatías galdosianas.
Fue un particular el que se hizo con la propiedad y acabó transformando completamente el inmueble, como ya se ha dicho, quizás con la intención de exorcizar fantasmas allí residentes. Cuando escribimos la Guía secreta de Santander (1975), mi inolvidable colega Pedro Vallés Gómez y yo dejamos constancia de la tropelía sufrida, mediante la cual se acababa completamente con el propósito de convertir aquella casa en templo de la sabiduría galdosista, iniciativa que se hubiera adelantado a la creación de la Casa-Museo de Las Palmas de Gran Canaria, constituyendo, junto con la Biblioteca Menéndez Pelayo y la Universidad Internacional de la Magdalena, un importante trípode cultural santanderino. Nunca conseguí traspasar aquellos muros, cuya puerta, por cierto, logró salvarla Madariaga al enviarla a Las Palmas, donde reposa actualmente.
Pero hace unos pocos años, con motivo de la grabación del cortometraje documental El hotel vacío (2013), gracias a la gestión efectuada por el entonces alcalde Íñigo de la Serna pudimos entrar en el palacete el difunto cronista oficial Benito Madariaga de la Campa, Manuela Alonso Laza, y un servidor, para dejar grabados nuestros recuerdos galdosistas ante la cámara en el mismo jardín que tantas páginas de historia y tantos personajes viera desfilar entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, la mayor parte de los cuales han quedado contabilizados en las páginas de mi libro Los visitantes de San Quintín (1995).
Galdós merece un homenaje no solo de Santander, sino de Cantabria entera. Un homenaje que renueve los vínculos mantenidos con la ficticia Ficóbriga, suma de tantos paisajes costeros cántabros, en su novela Gloria (1876-77); con la Villamojada que es Torrelavega en su novela Marianela (1878), en la cual también aparecen las localidades próximas de Cartes y las minas de Mercadal en Reocín; con el romanticismo de Santillana del Mar -“la villa difunta”, “la Brujas española”-, Comillas y San Vicente de la Barquera, el desfiladero de La Hermida, Potes “villa adusta y señora de estos adustos lugares”… y tantos lugares descritos con motivo del recorrido de sus leguas cántabras; con el Puente Viesgo a cuyo balneario llegó para tomar baños con el entrañable periodista José Estrañi; o con el Polanco al que acudía a visitar a su amigo Pereda cuando éste pasaba los veranos en lo que denominaba su “laboratorio”, y para cuyo cementerio su amigo canario diseñó la tumba que sirvió de recogimiento final de los restos del autor de Sotileza (1885).
Un homenaje que no sea producto pasajero y volátil devenido puntualmente de la celebración de una efeméride centenaria, sino tributo de la admiración constante hacia la personalidad de quien un día finisecular quiso rubricar su relación santanderina incluyéndose en el padrón de vecinos. Fue en la perediana cuesta del Hospital donde nació en 1891 su única hija reconocida: María Pérez-Galdós Cobián, la heredera de “San Quintín”, fruto de la larga relación amorosa mantenida por el escritor con la modelo asturiana Lorenza Cobián González; y el municipio astillerense y el lugar de Monte fueron residencia última de su amor por Concha Ruth Morell (la Tristana literaria, investigada por Matilde Camus), dos ejemplos de la extensa relación de mujeres que desfilaron por la vida sentimental del que fuera solterón de nacimiento.
Quedan los nombres aportados por Cantabria a la lista de algunos ensayistas y biógrafos galdosianos Carmen Bravo-Villasante, Ricardo Gullón, Pedro Ortiz-Armengol, Benito Madariaga de la Campa, ya desaparecidos, así como la reciente Premio Comillas de Biografía Yolanda Arencibia, con quienes hemos compartido jornadas galdosianas en Las Palmas de Gran Canaria, acompañados, entre muchos otros, de los profesores José Manuel González Herrán, Salvador García Castañeda, Germán Gullón y, creo recordar, también el ha poco fallecido Anthony Clarke.
A Santander llegó Galdós en 1871, como se ha dicho, y de Torrelavega y Santander se despidió en el verano de 1917, al finalizar las representaciones de Marianela. Era su despedida de Cantabria y, puede decirse, del teatro.
 

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Nuevo libro de José Ramón Saiz Viadero “Del Sol al Carmen y viceversa”

Ediciones Tantín se complacen en invitarle a la conferencia y
presentación del libro:

Del Sol al Carmen y Viceversa

Autor José Ramón Saiz Viadero

Martes día 17 de diciembre a las 19 h en la Biblioteca Central.
C/ Ruiz de Alda, 19. Santander

Miércoles día 18 de diciembre a las 19.30 h en Espacio Espiral*.
Paseo Menéndez Pelayo, 8. Santander

*La venta y firma de ejemplares sólo tendrá lugar en Espacio Espiral

Entrada libre hasta completar aforo

Vuelve a las librerías Enrique López Viejo con “Cabalgata de invierno”

Vuelve a las librerías Enrique López Viejo con “Cabalgata de invierno”

Un grupo de amigos de Enrique López Viejo, entre los que me honro de formar parte, hemos decidido reunir algunos de los artículos que Enrique López Viejo escribió en esta página desde sus inicios para publicarlos en un libro que aparece en la editorial Tantín de Santander.

La edición y epílogo ha corrido a cargo de Juan Antonio González Fuentes.  En la edición de textos colaboraron también Beatriz García Infante y Margarita López Viejo. Las ilustraciones son de María de Diego. Podía contarles muchas cosas pero creo que esta solapa del libro explica algunas. Y las demás, que es lo esencial, se encuentran dentro de un libro que se puede pedir en librerías o directamente a  www.edicionestantín.com

 

 

 

Presentación del libro “Las muchas lamas de Marcelino Menéndez Pelayo” en Madrid

Presentación del libro “Las muchas almas de Marcelino Menéndez Pelayo” en Madrid

 

La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas tiene el placer de invitarle a la presentación del libro “Las muchas almas de Marcelino Menéndez Pelayo. (Actualidad e in-actualidad de su pensamiento” del Académico de Número Excmo. Sr. D. Pedro Cerezo Galán que se celebrará bajo la presencia del Excmo. Sr. D. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, el martes 5 de noviembre a las 17.50h, y en el que intervendrán junto con el autor, los Excmos. Sres. Don Gerardo Bolado Ochoa, D. José Manuel Cuenca Toribio, D. Diego Gracia Guillén. 

Lugar: Plaza de la Villa, 3. Madrid.

 

El toledano Faustino Lara Ibáñez finalista en el prestigioso certamen de cuentos “Setenil”, con su obra “Especies en extinción” publicada por la editorial cántabra Tantín

El escritor toledano Lara Ibáñez se encuentra como finalista con su libro de relatos “Especies en extinción” en el prestigioso certamen de relato corto “Setenil” que convoca el Ayuntamiento murciano de Molina de Segura y que en unas semanas hará público su fallo premiando así al mejor libro de relatos publicado en España por un autor de nacionalidad española entre las fechas de 23 de abril de 2018 y 22 de abril de 2019.

Faustino Lara Ibáñez, natural de Toledo, se encuentra con su obra “Especies en extinción”, publicada por la editorial cántabra Tantín, entre los finalistas de la decimosexta edición del Premio Setenil que premia al mejor libro de relatos publicado este año en España; diez nombres de entre un total de 102 títulos presentados por editoriales y autores de todo el país, en la tercera edición más concurrida de la historia del certamen molinense.

El Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España, convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura y dotado con 10.000 euros, se ha convertido en un referente nacional imprescindible para los amantes del cuento. Por él han pasado algunos de los títulos más exitosos del género lanzados durante el presente siglo, encontrando entre sus ganadores a Alberto Méndez, que se llevó la primera edición del certamen con Los girasoles ciegos (2004); a Juan Pedro Aparicio, Premio Nadal en el ’88 por Retratos de ambigú y Setenil en 2005 con La vida en blanco, y Cristina Fernández Cubas, referente absoluto del género que, en 2006, enamoró al jurado con Parientes pobres del diablo. El madrileño José Ovejero, con Mundo extraño, fue, el año pasado, el último ganador del concurso.

En esta decimosexta edición preside el jurado el escritor granadino Ángel Olgoso, siendo también vocales Carmen M. Pujante Segura, profesora del Departamento de Literatura Española, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Murcia, y Aurora Gil Bohórquez, escritora y catedrática de Lengua y Literatura de Secundaria. Está previsto que el jurado emita su fallo a finales de octubre o primeros de noviembre y el premio se entregará en Molina de Segura en diciembre de este mismo año.

Los cuentos incluidos en el libro de Lara Ibáñez, que se alzó con el primer premio de relatos “Manuel Llano” del Gobierno cántabro en su última convocatoria fallada, recoge una serie de narraciones de distintas y variadas temáticas y que describen acciones en diferentes épocas históricas, donde destacan aquellas que se centran en la época nazi.

Entre los reconocimientos literarios de Lara Ibáñez se encuentran algunos tan destacados como el Premio de Relato Corto del XIX Certamen de Relatos ‘Rafael González Castell’, en Montijo (Badajoz) que logró con su libro de relatos cortos “Soñadores furtivos”, publicado en 2018. Además ha obtenido primeros premios en certámenes literarios de narrativa breve como el “Ategua”, “José María Franco Delgado”, “Eneida”, “Santoña… la mar”, “Molino de Griñón”, “Ciudad de Elda”, “Hermandad Pandorgos”, “Maestro José Varela”, entre otros como el Premio de Relato Corto ‘Ciudad de Palos’, en Palos de la Frontera (Huelva), en 2016.

Del mismo modo, ha logrado reconocimientos literarios por sus cuatro novelas breves publicadas, como el “Ciudad de Monzón” por El fulgor de las estrellas (Mira Editores) y el “Ciudad de Dueñas” por El arquitecto prudente (Simancas Ediciones).

También ha hecho una incursión en el terreno infantil con la novela El rescate de la princesa Galiana (Editorial Tilia) y en el campo de la poesía ha publicado poemas reconocidos en distintos certámenes poéticos como el “Vicente Aleixandre”.

Faustino Lara es un toledano de 43 años diplomado en Arquitectura Técnica por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

La verdadera historia de los raqueros

https://www.elmundo.es/viajes/espana/2019/09/06/5d492c54fdddff56408b4598.html

La verdadera historia de los raqueros de Santander

Para muchos turistas que visitan la capital cántabra, la identidad de estos personajes sigue siendo hoy una incógnita.

Hay en la bahía de Santander, junto al Muelle de Calderón, un grupo de chavales que acostumbra a pasar los días contando olas. Cuando el escultor santanderino José Cobo Calderón decidió esculpirlos en bronce en 1999, el recuerdo de aquellos chicos ya estaba algo desgastado, igual que el material en el que están forjados. A sus pies, una pequeña placa salva del olvido a aquellos chavales que hoy se siguen colando en muchas postales veraniegas cosechadas a golpe de selfie.

Para algunos, el apelativo raquero procede del verbo raquear que, a su vez, proviene del latín rapio, -is y significa tomar lo ajeno contra la voluntad de su dueño. Para otros, proviene del inglés wrecker, que se traduce en ladrón de barcos o saqueador de naufragios. La RAE funde los dos significados y establece que el raquero es un “ratero que hurta en puertos y costas”. En el pasado, el término se atribuía a los niños que, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, vagabundeaban entre las machinas de Puerto Chico, a la espera de que un tripulante desocupado o un turista adinerado lanzase al agua una moneda que ellos pudieran recuperar buceando. Hoy perdura en forma de expresión despectiva y desdeñosa.

Para cuando el historiador cántabro José Ramón Saiz Viadero publicó, a comienzos de los 80, su Diccionario para uso de raqueros y, posteriormente Historias de raqueros, ambos de Ediciones Tantín, esa figura ya había desaparecido de los escenarios portuarios, quedando reducida a una mera referencia sentimental. “Yo había convivido con ellos en los años de posguerra, así que decidí trasladarlos nuevamente a las páginas de un libro, como ya habían hecho autores tan relevantes como José María de Pereda“, asegura.

La playa del Sardinero, en Santander.

El célebre novelista se refirió a ellos en sus Escenas montañesas con estas palabras: “El raquero de pura raza nace, precisamente, en la calle Alta o en la de la Mar. Su vida es tan escasa de interés como la de cualquier otro ser, hasta que sabe correr como una ardilla: entonces deja al materno hogar por el Muelle de las Naos, y el nombre de pila por el gráfico mote con que le confirman sus compañeros; mote que, fundado en algún hecho culminante de su vida, tiene que adoptar a puñetazos, si a lógicos argumentos se resisten. Lo mismo hicieron sus padres y los vecinos de sus padres. En aquellos barrios todos son paganos, a juzgar por los santos de sus nombres”.

RECUERDO VIVO

Saiz Viadero recuerda que éste no es un personaje exclusivo de Santander, sino que ha existido en otros lugares como Cartagena (donde se le denomina icue), en La Caleta gaditana, en Lisboa y, en general, en todos los lugares populosos del litoral, “su presencia representa no solamente la miseria en que se desenvolvía la existencia de un sector de la población infantil y juvenil de aquellas ciudades que contaban con un gran tráfico en sus puertos, sino que es también representativa de la gran cantidad de niños procedentes de los orfelinatos, sin otra salida que el merodeo para buscarse la vida principalmente en calidad de amigos de lo ajeno”.

De ahí que el historiador remarque la importancia de mantener vivo su recuerdo pues, de lo contrario, “Santander perdería una parte de las señas sentimentales de su identidad, aunque ya han sido blanqueadas por algunos sectores de nuestra sociedad que, en los momentos de nostalgia, reconocen haber sido raqueros en su infancia. Gentes como los constructores suelen recurrir a ese lugar común identitario”, asegura. “Pero siempre nos quedará la literatura, la fotografía, la pintura y la escultura como medios de reproducción de un tiempo pasado que no fue mejor pero, a veces, aparece más vivo en nuestro recuerdo”.

Ya tenemos a la venta la 2ª edición del libro “El águila que descubrió su alma” de Jesús García Sánchez

El águila que descubrió su alma

 

…la mayoría de las águilas se muere a los cuarenta años no porque sus órganos hayan envejecido o enfermado, sino porque les cuesta mucho defenderse, volar y comer, ya que sus uñas se han tornado demasiado blandas; sus alas, muy pesadas; y su pico, excesivamente curvado. Sin embargo…

Después de esta breve reflexión se quedó observando el huevo de piedra. Surgió en su interior una gran inquietud e intentó apartar la mirada, pero ya no pudo pues emanaba de él un magnetismo muy poderoso, de naturaleza sagrada. Aquella roca, que en apariencia era una más, se abrió como una flor y comenzó a desprender vida, una vida que jamás había encontrado en ningún otro ser vivo. Aquella roca se había transformado en un fascinante corazón que palpitaba sólo atento al amor genuino, dicho con otras palabras, aquella roca se había transformado en el verdadero corazón de la tierra, en cuyo interior confluían al tiempo la energía del sol, la ligazón de la luna con cada uno de los seres vivos y la divinidad de las estrellas.